En Casanare, un departamento que ha sabido levantarse entre el petróleo, la ganadería y la fuerza de su gente, hay una nueva frontera por conquistar: la del gobierno digital. A pesar de los avances en conectividad y modernización institucional, aún persiste una brecha entre la tecnología disponible y su verdadero uso para fortalecer la transparencia, la participación y la eficiencia pública. En una época donde la información es poder, el reto no está en tener internet, sino en usarlo para gobernar mejor. Este artículo busca abrir los ojos sobre una realidad silenciosa que podría marcar el futuro político del departamento: el bajo aprovechamiento de las tecnologías de la información en la gestión pública.
La paradoja tecnológica de Casanare
Casanare no es ajeno al progreso digital. En los últimos años, el Ministerio TIC y la Gobernación han anunciado inversiones importantes: kilómetros de fibra óptica, zonas Wi-Fi en parques, instituciones educativas conectadas y planes de inclusión digital en varios municipios. Sin embargo, esos logros no siempre se traducen en una transformación real de la gobernanza. La infraestructura existe, pero la digitalización del Estado aún no toca el corazón de las decisiones públicas. Muchos procesos siguen siendo manuales, lentos y poco accesibles para la ciudadanía. Lo que debería ser un puente entre gobierno y ciudadano sigue siendo, en gran medida, un muro burocrático.
Mientras el mundo avanza hacia gobiernos abiertos, datos públicos y participación en línea, Casanare parece caminar con paso tímido. La conectividad es apenas la base, no el destino. Lo que realmente transformará la gestión pública será la capacidad de convertir esa conectividad en transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana efectiva. Sin esos elementos, la tecnología se convierte en simple decoración institucional.
Las causas detrás del rezago digital
Falta de estrategia y visión a largo plazo
El principal problema no es la ausencia de tecnología, sino la falta de una estrategia integral de gobernanza digital. Cada administración lanza programas de modernización, pero pocos trascienden los periodos de gobierno. No hay continuidad, ni un plan departamental sólido que integre municipios, ciudadanos y entidades públicas en un mismo propósito: digitalizar la gestión pública con visión de futuro.
Capacidades institucionales limitadas
A nivel local, muchos municipios carecen de personal formado en gestión digital. Las oficinas de sistemas o TIC se concentran en el mantenimiento técnico y no en la planificación estratégica. Los portales institucionales a menudo están desactualizados, las plataformas de transparencia no funcionan correctamente y la atención al ciudadano sigue dependiendo del papel y la ventanilla. Sin capacitación ni liderazgo tecnológico, la modernización se queda en el discurso.
Baja apropiación ciudadana
No basta con ofrecer servicios digitales si las personas no saben cómo usarlos o no confían en ellos. En Casanare, gran parte de la población rural no tiene competencias digitales suficientes para interactuar con la administración pública en línea. Además, hay desconfianza hacia los procesos electrónicos: “prefiero ir a la alcaldía porque en internet no sé si me responden”. Esta brecha cultural limita el impacto de cualquier avance tecnológico y frena la participación ciudadana.
Débil cultura de transparencia
La gobernanza digital no solo es subir datos a una web, sino permitir que la ciudadanía los entienda, los use y los cuestione. En muchos casos, los portales de transparencia son poco navegables, no tienen datos actualizados o carecen de mecanismos para participar. Cuando la información pública se vuelve inaccesible o incomprensible, la tecnología pierde su propósito esencial: empoderar al ciudadano.
Por qué la tecnología es clave para la transparencia y el desarrollo
En un territorio con recursos naturales abundantes y desafíos de equidad como Casanare, la tecnología puede ser el gran nivelador social. Un gobierno digital transparente no solo mejora la eficiencia administrativa, sino que previene la corrupción, reduce la desigualdad y acerca el Estado al ciudadano. Imagina que cualquier casanareño, desde su teléfono, pueda ver en tiempo real en qué se invierte el presupuesto, qué contratistas ejecutan las obras, o cómo avanza la ejecución de un proyecto. Esa es la verdadera democracia del siglo XXI: la que se vive desde la información, no desde la desinformación.
Cuando la tecnología se usa con propósito, los ciudadanos dejan de ser simples espectadores y se convierten en actores de cambio. Una plataforma de datos abiertos, por ejemplo, puede permitir que un joven analice el gasto público y proponga mejoras. Un sistema de encuestas digitales, como el que impulsa Vota Casanare, puede medir la percepción de la ciudadanía y orientar decisiones basadas en evidencia. En otras palabras, la tecnología puede devolverle la voz al pueblo.
El camino hacia un gobierno digital ciudadano
1. Crear una estrategia de gobierno abierto departamental
Casanare necesita un plan integral que unifique esfuerzos de alcaldías, entidades y sociedad civil. Esta estrategia debe incluir metas concretas: digitalización de trámites, portales de datos abiertos, plataformas de participación y rendición de cuentas en tiempo real. No se trata de tener más páginas web, sino de construir un ecosistema digital que funcione.
2. Capacitar para transformar
El conocimiento es la base del cambio. Formar funcionarios y ciudadanos en competencias digitales debe ser prioridad. Las universidades, colegios y centros de formación pueden ser aliados estratégicos para crear una nueva generación de casanareños con habilidades para la gestión digital y la vigilancia ciudadana.
3. Promover la participación a través de la tecnología
Cada persona con acceso a un celular puede ser un vigilante del bien público. Si la Gobernación o los municipios habilitan canales digitales para denuncias, encuestas y seguimiento a proyectos, la participación se disparará. Herramientas simples pero funcionales pueden hacer la diferencia: formularios en línea, buzones de control social, aplicaciones móviles de reporte ciudadano.
4. Medir y rendir cuentas con datos abiertos
La transparencia se fortalece cuando los datos están disponibles y son comprensibles. Publicar los presupuestos, las contrataciones, los avances de obras y los resultados de gestión en formatos abiertos y comparables es un paso esencial para construir confianza. La información debe dejar de ser poder de unos pocos y convertirse en derecho de todos.
El papel del ciudadano: del espectador al protagonista
La transformación digital de la gobernanza no depende solo del gobierno; también depende de nosotros. Cada ciudadano tiene el poder de exigir, de preguntar, de usar la información y de participar. Cuando una comunidad empieza a usar la tecnología para controlar, opinar o proponer, cambia la relación con el poder. El ciudadano informado es el mejor aliado de la transparencia.
Si Casanare logra dar este paso, no solo mejorará la eficiencia administrativa, sino que se convertirá en un ejemplo nacional de cómo un departamento puede reinventarse desde la tecnología y la participación ciudadana. No es un sueño distante: es una oportunidad real si todos decidimos conectarnos, no solo a internet, sino también al compromiso cívico.
Conclusión
Casanare tiene los recursos, la infraestructura y el talento para convertirse en un referente de gobierno digital en Colombia. Lo que falta no es tecnología, sino voluntad política, liderazgo ciudadano y una visión clara de futuro. La transparencia no se decreta: se construye cada día con información abierta, participación activa y tecnología al servicio de la gente. Desde Vota Casanare, creemos que la transformación empieza cuando la ciudadanía deja de esperar y empieza a participar. Porque el cambio digital más poderoso no ocurre en los servidores del Estado, sino en la conciencia conectada de su gente.